Podrás borrarme

Escrito por a las jul 31, 2017

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Instituto de Medios Sociales. Podrás borrarme, podrás bloquearme, pero nunca podrás olvidarme. Podrás ignorarme, podrás negar que existo, aunque paradójicamente mi apellido sea Sixto, pero cada vez que escuches a Alejandro Sanz seré yo quien venga a tu mente. Es más, cuando pidas tiritas pa’ este corazón partío pensarás en mí, porque nada te gustaría más que que fuese yo tu apósito. Pero hoy tan solo te queda el alcohol que pica en las heridas, aunque la herida ya esté cicatrizada y sigas bebiendo sin ganas ni sed.

Que me ignores no significa que me hayas olvidado. De hecho, quien olvida no se molesta en ignorar, porque la ignorancia –por atrevida- no da lugar a interpretaciones ni silogismos. La ignorancia nunca razona porque es ilusa e ingenua, muy osada, y por eso permite a los botarates meter el pie en cualquier campo ajeno al de su erudición. Al ignorante le cansa la prudencia en la misma dosis que al despechado le cansa curarse.

Podrás romper mis fotos -incluso quemar mis cartas, para no verme más-, pero lo que nunca podrás borrar son los recuerdos. Ese será tu castigo. Ellos, como tu despecho, permanecerán sine die en tu pensamiento, aunque tú solo pienses por impulso. O por inercia. Por eso, que me borres no significa que me olvides, sino justamente lo contrario, que pretendes no verme para no recordar tan a menudo que formo parte de ti. Pero lo que se te olvida es lo más importante, que el corazón es ciego y que, como no ve, le da igual ver que no ver, porque lo único que hace es sentir.

Si besas pensando que me besas a mí, no te asustes. Es normal. No hay mejor forma de cerrar una boca imprudente que con un buen beso. Es la mejor garantía para dejar de decir tonterías y quitarse la venda de un plumazo. Si las ciudades te recuerdan a mí, no te asustes. Es normal. Te perdiste que fuese yo quien te las enseñases mientras tú no verías nada por ceguera de amor diagnosticada. Si el mar te recuerda a mí, no te asustes. Es normal. Fue a él a quien le contamos que escribiríamos nuestra historia en la arena. Él sí pudo borrarla con una sola ola.

José Sixto García