Parejas y redes sociales

Escrito por a las dic 5, 2016

Instituto de Medios Sociales. Desde el punto de vista académico, un estudio realizado por la Universidad de Brunel en Londres revela que las personas con una autoestima baja son las más propensas a alardear de sus relaciones de pareja en las redes sociales. Desde el punto de vista de la otra universidad –la de la vida-, dime de qué presumes y te diré de qué careces. No hace falta ser psicólogo para interpretar que las personas inseguras y acomplejadas son las que necesitan una mayor aprobación social que les atestigüe que sus carencias no son percibidas. Como creemos que para su salud mental es positivo, con frecuencia, les hacemos pensar que nos chupamos el dedo cuando nos cuentan sus películas y cumplimos obedientemente nuestro papel previsto en el guion. Hay quien lo hace por hacerles felices, quien lo hace por pereza y quien lo hace porque ni le va ni le viene.

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El carácter individual se traslada a las parejas. Comentar fotos, felicitar el cumpleaños por Facebook o hacer una declaración de amor a los cuatro vientos digitales implica, fundamentalmente, dos cosas. La primera, que hay una intención real de presumir de ese compromiso ante los demás, como si hubiera llegado el momento de callar bocas. Pocas cosas hay más ridículas que exhibir un mensaje destinado a alguien –a la pareja, en este caso- ante toda una agenda de números de conocidos que no saben ni dónde vives ni cuál es la comida que más detestas. La segunda, que esa pareja tiene menos futuro que Ylenia en Eurovisión. La falta de confianza es total y, por eso, se necesita que los demás vean, interioricen y se lo crean más que los propios implicados. La clave vuelve a estar en la agenda de contactos. No tardará en llegar un “esto no funciona”, “no estoy cómodo”, “no vamos a buen puerto” y, entonces, el o la dejada buscará de nuevo entre sus contactos alguien a quien contarle sus penas, mientras que el ‘afortunado’ se implicará muchísimo a la vez que se lava los dientes o se pinta las uñas. Si al día siguiente se ven por la calle, no sacarán el tema. A ambos les da vergüenza; si no hay Whatsapp, no hay valor. La fiera esconde el rabo en su móvil, agacha la mirada y se calla.

Retorna otra vez el momento de ver quién de la agenda de contactos había dado más me gusta o había comentado más veces. La caza empieza de nuevo. La presa se prepara y se deja cazar. Se felicita la Navidad con la foto de los dos. A toda la agenda de contactos, obviamente. Al pasar Reyes, la temporada de caza se acaba. Pero el alardeo siempre volverá.

José Sixto García