La sonrisa es una técnica de marketing

Escrito por a las oct 3, 2016

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Instituto de Medios Sociales. La sonrisa es una técnica de marketing. Cuando sonreímos da la sensación de que todo nos va bien y trasladamos a nuestro interlocutor una cierta complicidad apoyada en la seguridad de la gestualidad corporal. Desde niños siempre nos han dicho que sonreír es gratis y que pocas cosas hay mejores que alegrarle el día a los demás con una buena sonrisa. Sin embargo, hay sonrisas que yo no las entiendo. No entiendo la sonrisa de Rita Barberá ni la de Pedro Sánchez. No entiendo la sonrisa de Miguel Blesa ni la de Rodrigo Rato. No las entiendo. Parece como si todos ellos se hubiesen formado en la misma escuela de Marketing de donde ha salido la receta del pollo a la Pantoja y cuya máxima es esa de “dientes, dientes, que es lo que les jode”.

Pues no, señores, no nos fastidia su sonrisa, lo que nos jode es su ridiculez. Lo que nos jode es que se hayan reído de todos nosotros como si fuéramos tontos y que ahora sigan insultando a nuestra inteligencia pensando que nos creemos sus sonrisas como si lo fuéramos de remate –lo de tontos, digo- y cuando sus manos largas, sus mentiras o sus objetivos personales están más por los suelos que la cola del vestido de la propia Panto.

No, señores, no nos cuela. Su técnica de marketing es patética. Sus sonrisas falsas no nos convencen porque no son ni transparentes ni creíbles. Si su sonrisa fuese de verdad hubiesen cerrado los ojos al reír, hubiesen mostrado sus patas de gallo y nos hubiesen deleitado con sus dientes inferiores. Todo lo demás es falso. No nos cuela porque ustedes no tienen ningún motivo para sonreír por mucha cara que tengan. Por mucha cara que tengan no pueden florearla con una sonrisa de oreja a oreja porque, a pesar de que ustedes tuviesen un deseo, ese deseo no se ha transformado en una demanda, así que su estrategia de marketing no está conseguida y es lamentable.Con su sonrisa no nos indican ni que estén bien ni que estén contentos ni emocionados. Nos demuestran todo lo contrario. Es su reacción para aparentar que lo que más le duele les da igual, para minguar los miedos y para ocultar los dolores. Si nos estuviéramos chupando el dedo del pollo a la Pantoja todavía podríamos creernos que sus dientes son el reflejo de sus corazones, pero hace tiempo que nos lavamos las manos bien lavadas. Aprendan a mostrar en sus gestos la verdad de sus emociones y, quizás así, puedan empatizar un poquito más con nosotros. No les pedimos luto de velatorio, pero tampoco los dientes del pichichi. Nos convence mucho más la humildad que el orgullo.

José Sixto García