El auge de la comunicación móvil

Escrito por a las dic 3, 2017

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Instituto de Medios Sociales. Si su hijo le pide un móvil a Papá Noel no se asuste. Lo raro sería que le pidiese una piedra, porque eso significaría que su hijo todavía no vive en lo que se ha dado en llamar Tercera Revolución Industrial. No es este un concepto que yo me invente, sino que fue avalado por el Parlamento Europeo en 2006 en una declaración formal aprobada tras los bosquejos de Jeremy Rifkin en los que hablaba de una revolución científica y tecnológica que nos embutía a los presentes en una nueva era.

Lo cierto es que el mundo está más interconectado de lo que había estado nunca y lo que era una sociedad industrial es ahora una sociedad digital que provoca cambios sustanciales en todas las facetas cotidianas, hasta en la forma de comunicarnos con los demás. El escenario 24/7 (y no tiene nada que ver con la canción de Becky G) donde las fronteras geográficas han desaparecido casi por completo tiene dos culpables: un padre que se llama Internet y un hijo bautizado como teléfono móvil. En época de nacimientos es precisamente este hijo vástago, que no bastardo, el que acabó con las limitaciones de todos los medios de comunicación anteriores y, a la vez, aunó las ventajas que cada uno de ellos tenía por separado (el texto de la imprenta, la voz y la instantaneidad de la radio, la imagen de la tele…).

Si su hijo ha puesto la palabra ‘móvil’ en su carta a los Reyes es porque sabe que las relaciones comerciales a través de dispositivos móviles aumentan a diario; que cada vez estamos más interesados en la realidad aumentada –solo hay que recordar la popularidad que alcanzó Pokémon GO el año pasado-; que el incremento de las apps impulsadas por la nube representarán el 90% del total del tráfico mundial de datos móviles en 2019; y que las aplicaciones basadas en el Internet de las Cosas, como conectar un móvil a Internet para reducir los procesos manuales –como pasa en las casas con domótica- nos van a resultar tan comunes como el microondas.

Controle y limite su uso, enséñele a vivir y a convivir con él, pero no se lo prohíba. No caigamos en la trampa de nuestros antepasados de limitar los lápices a quienes se les suponía capacidad para escribir. Sino sí, ahora sí, lo de los mayores de Becky G sí que encajaría.

 José Sixto García