Día Mundial de la Libertad de Prensa

Escrito por a las may 3, 2018

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Instituto de Medios Sociales. Hoy es día de fiesta. Lo es por partida doble. Uno, porque celebramos el Día Mundial de la Libertad de Prensa y, dos, porque justamente hoy se cumplen 25 años de aquel 3 de mayo de 1993 en que la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamaba conmemorar esta fecha para fomentar una prensa libre, pluralista e independiente como condición sine qua non de cualquier sociedad democrática.

El derecho a la información fue uno de los pilares constitutivos del núcleo original de las Declaraciones de Derechos y, en efecto, no existe ninguna Constitución – o, al menos, ninguna Constitución que merezca llamarse así- que no recoja este derecho. En general, fue el primero de los derechos consignados como sucedió en la Constitución Federal de Estados Unidos, donde se incorporó al texto a través de la Primera Enmienda. Las Constituciones Españolas de 1837 y 1845 recogían el derecho a la información en el artículo 2, justamente después de la definición de quiénes eran ciudadanos españoles. Ya la Pepa (1812) plasmaba este derecho como la facultad para proteger la libertad política y de imprenta (art. 131) y como la libertad de escribir y publicar las ideas políticas sin necesidad de licencia (art. 371).

Suecia fue el primer país en adoptar una legislación de libertad de prensa con la tryckfrihet de 1766. La Declaración del Buen Pueblo de Virginia (1776) promulgaba la libertad de prensa como uno de los grandes baluartes de la libertad y señalaba como sus únicos posibles censores a los gobiernos despóticos. La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789) alberga la que probablemente sea la formulación jurídica más influyente y, en este sentido, considera la libre comunicación del pensamiento y de las opiniones como uno de los derechos más preciados. Otro ejemplo es la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), que reconoce el derecho a la libertad de opinión y de expresión y la difusión sin limitación de fronteras por cualquier medio de expresión.

Libertad de prensa y libertad de expresión no son lo mismo -la de prensa afecta a colectivos y la de expresión a personas-, pero lo que está claro es que la primera no puede existir sin la segunda. Vivimos tiempos en que se producen incontables juicios paralelos en los medios de comunicación y donde cada vez más la falta de respeto por la presunción de inocencia colisiona con el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Trabajemos entre todos para conservar un derecho que ha costado mucho conseguir, pero sin olvidar que ética y deontología nunca lo perjudican, sino que lo favorecen. “Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad no puede ser sino mala”, diría Albert Camus.

José Sixto García