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Esas fotos no os retratan

Escrito por a las feb 7, 2017 en Sin categoría | 0 comentarios

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Instituto de Medios Sociales. Me dais miedo. Es veros y se me revuelve el alma, cuando ni siquiera sé si la tengo. ¡Me da tanto pavor pensar que el ser humano pueda recoger tanta hipocresía entre sus brazos! Los mismos brazos con los que os abrazáis en las fotos, cogidos por los hombros, como si fuera con pegamento, agarrando bien fuerte para que no se suelte la mano y traicionera baje hasta la espalda para clavar la puñalada.

Me da miedo solo pensar lo que os diréis los unos a los otros con lo amigos que sois. Si a mí, que nunca he pasado de un estimado conocido, me habéis hablado tanto y tan mal que hasta a veces era yo quien tenía que poner el freno para defender a vuestros amigos, qué os diréis entre vosotros. Si a mí, que solo se me escribía por pura cortesía, tengo el móvil cargado de whatsaaps y mensajes matadores que dejan ver lo falsos que sois y el mal que os deseáis, qué no os diréis entre vosotros.

Me dais miedo porque nunca he creído que se pueda tener tan poca dignidad como matar el tiempo con gente a la que criticáis sin medida, por muy aburridos que estéis. Mirad una peli, dad un paseo alrededor de casa o cogeros un libro, que los hay bonitos e ilustran. Ellos, los libros, que no os den miedo. Incluso los hay de moda y es ahí donde os explican que los pantalones tobilleros cuando llueve a mares son una paletada, y que, por consiguiente, a la playa no se va con bufanda… Hay otro tipo de libros donde vienen los significados de las palabras. Se llaman diccionarios. Coged uno y buscad coherencia, falsedad e hipocresía. Luego, podéis hacer lo propio con la palabra  ‘amistad’. Os aseguro que su significado os va a sorprender.

Cuando sepáis lo que significa coherencia entenderéis que cuando decís una cosa y hacéis justamente la contraria me dais miedo. No podéis tener todavía las manos ensangrentadas de las puñaladas que os metéis y usar el mismo cuchillo para repartiros el pan en las cenas. Atacadme diciendo que Judas Iscariote también estuvo en la última cena y responderos que no en la fracción del pan y el vino porque quien mandaba ya lo había enviado a hacer sus cosas incluso antes de que lo traicionara. Y, sí, los que estáis pensando que esto va por vosotros, efectivamente, va por vosotros.

 José Sixto García

Perdón es solo una palabra

Escrito por a las ene 12, 2017 en Sin categoría | 0 comentarios

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Instituto de Medios Sociales. Perdón no es más que una palabra. Como cualquier otra no exige más esfuerzo que su articulación o su cobarde escritura en las teclas de algún dispositivo electrónico. Al perdón se lo lleva el viento al igual que a las palomitas, a las vacaciones o a cualquier regalo de los que la RAE nos ofrece para endulzarnos la existencia. Cuando las palabras no van acompañadas de hechos su valía es tan efímera como su pronunciación. Cuando las palabras se usan sin la intencionalidad de la conducta que implican su significado se merma y carece de sentido.

Pedir perdón es tan fácil como dar las gracias. Nos hemos acostumbrado tanto a decir estas palabras que con frecuencia se quedan en una mera verbalización alejada del cambio de actitud y conducta que debería suponer lo primero, y del agradecimiento más profundo y más sincero que debería implicar lo segundo. Cuando pedimos perdón y nuestro comportamiento no cambia nos volvemos todavía más miserables y cuando damos las gracias como quien dice hasta luego nos volvemos un poco más egoístas. Si lengua y corazón caminan por separado no seremos más que pusilánimes borregos que convierten la nobleza en vulgaridad.

Las empresas y sus avivadas comunidades sociales son humanas. Por más inverosímil que nos parezca en la retaguardia de todos esos perfiles de Instagram hay alguien con lengua y corazón que, por consiguiente, habla y siente. Lo que pasa es que habla tanto y siente tanto que hemos infravalorado el poder de sus palabras y el valor de sus sentimientos. Es como el que putada tras putada pide perdón y da las gracias por aceptarlo como si eso fuese un ritual estratégico en el que todo vale porque todo se perdona. Perdonar demasiado al que actúa mal, al que yerra, es la mayor injusticia para el que actúa bien. Es algo así como esa insana costumbre de esperar por los que llegan tarde, mientras que el esfuerzo de los que han llegado a tiempo no ha valido para nada. Si decimos que las empresas son humanas es lógico que puedan equivocarse y que puedan pedirnos perdón. También que puedan agradecernos por escogerlas y rechazar a la competencia. Lo malo viene cuando se pierden la ética y la deontología y los actos pasan a un segundo plano porque ya habrá tiempo de que nos puedan perdonar. Como dice la canción de Alejandro Sanz, “tus actos te definen”, por eso, siempre es mejor enseñar a no ofender que enseñar a perdonar…

 José Sixto García 

Parejas y redes sociales

Escrito por a las dic 5, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

Instituto de Medios Sociales. Desde el punto de vista académico, un estudio realizado por la Universidad de Brunel en Londres revela que las personas con una autoestima baja son las más propensas a alardear de sus relaciones de pareja en las redes sociales. Desde el punto de vista de la otra universidad –la de la vida-, dime de qué presumes y te diré de qué careces. No hace falta ser psicólogo para interpretar que las personas inseguras y acomplejadas son las que necesitan una mayor aprobación social que les atestigüe que sus carencias no son percibidas. Como creemos que para su salud mental es positivo, con frecuencia, les hacemos pensar que nos chupamos el dedo cuando nos cuentan sus películas y cumplimos obedientemente nuestro papel previsto en el guion. Hay quien lo hace por hacerles felices, quien lo hace por pereza y quien lo hace porque ni le va ni le viene.

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Los fantasmas sociales

Escrito por a las oct 31, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

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Instituto de Medios Sociales. He dormido con los ojos abiertos esperando al fantasma que debía venir a visitarme esta noche, pero como lo ha hecho, me aplicado el cuento ese de ir yo a la montaña a ver qué pasaba. Puse un pie sobre el acelerador y el otro sobre la tierra y he buscado fantasmas en los castillos de Mota, Coca, Arévalo y Manzanares el Real. Y no he encontrado ninguno, ni en la montaña ni en los castillos.

Percatado yo que lo mío con Mahoma no era ni un parecido, he rebuscado con esmero entre almenas y adarves, hasta darme cuenta que los fantasmas que había imaginado de niño solo estaban en los decorados de aquel programa de TVE llamado La noche de los castillos y que, por tanto, las alcobas aderezadas se los habían llevado, dejando mi imaginación igual de rica e igual de imaginaria.

No había fantasmas ni en los pasadizos ni en las mazmorras, porque -para sorpresa mía- estaban todos en mi bolsillo. Parece como si todos se hubieran escapado de las piedras de la torre del homenaje, hubieran traspasado la tela de mi pantalón y se hubieran escondido en las redes sociales que mi móvil alberga en su pantalla de inicio.

He visto fantasmas en Twitter, en Facebook y en Instagram. Me han contado sus películas y me las he creído por partes. Me han dicho que eran la leche y no me han sabido a desnatados. Han fanfarroneado tanto que he pensado que algo de verdad tenía que haber en tanta fantasía. Han engrandecido sus historias y les han dado una importancia que no tendrían ni en la mejor de las novelas. Y, así, cual delirio de quijotada, alguien me susurró “mire vuestra merced, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino” y aumentar los likes de Instagram para venderle motos con las ruedas pinchadas. Y así, calabazas aparte, esta noche de Halloween me ha servido para comprender que tengo muchas más posibilidades de encontrarme un fantasma en las redes que entre cuatro paredes. Se ha dicho.

José Sixto García

La sonrisa es una técnica de marketing

Escrito por a las oct 3, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

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Instituto de Medios Sociales. La sonrisa es una técnica de marketing. Cuando sonreímos da la sensación de que todo nos va bien y trasladamos a nuestro interlocutor una cierta complicidad apoyada en la seguridad de la gestualidad corporal. Desde niños siempre nos han dicho que sonreír es gratis y que pocas cosas hay mejores que alegrarle el día a los demás con una buena sonrisa. Sin embargo, hay sonrisas que yo no las entiendo. No entiendo la sonrisa de Rita Barberá ni la de Pedro Sánchez. No entiendo la sonrisa de Miguel Blesa ni la de Rodrigo Rato. No las entiendo. Parece como si todos ellos se hubiesen formado en la misma escuela de Marketing de donde ha salido la receta del pollo a la Pantoja y cuya máxima es esa de “dientes, dientes, que es lo que les jode”.

Pues no, señores, no nos fastidia su sonrisa, lo que nos jode es su ridiculez. Lo que nos jode es que se hayan reído de todos nosotros como si fuéramos tontos y que ahora sigan insultando a nuestra inteligencia pensando que nos creemos sus sonrisas como si lo fuéramos de remate –lo de tontos, digo- y cuando sus manos largas, sus mentiras o sus objetivos personales están más por los suelos que la cola del vestido de la propia Panto.

No, señores, no nos cuela. Su técnica de marketing es patética. Sus sonrisas falsas no nos convencen porque no son ni transparentes ni creíbles. Si su sonrisa fuese de verdad hubiesen cerrado los ojos al reír, hubiesen mostrado sus patas de gallo y nos hubiesen deleitado con sus dientes inferiores. Todo lo demás es falso. No nos cuela porque ustedes no tienen ningún motivo para sonreír por mucha cara que tengan. Por mucha cara que tengan no pueden florearla con una sonrisa de oreja a oreja porque, a pesar de que ustedes tuviesen un deseo, ese deseo no se ha transformado en una demanda, así que su estrategia de marketing no está conseguida y es lamentable. (más…)

Ahora es el momento

Escrito por a las sep 5, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

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Instituto de Medios Sociales. Llega septiembre y con él la vuelta al cole. Es el tiempo de las asignaturas pendientes y, sin duda, para muchas PYMES y autónomos su gran asignatura pendiente es el hueso ese que no son capaces de sacar y que -más que con su esqueleto- tiene que ver con su envoltorio. Con su envoltorio digital.

A día de hoy nadie se cuestiona que gestionar la comunicación es tan importante como gestionar los asuntos financieros o administrativos. Sin embargo, que nadie se lo cuestione no significa que todos lo hagan. La comunicación sigue siendo como esa alacena que tanto nos cuesta abrir, mientras que ella continúa impasible cogiendo moho y que ya limpiaremos cando faga aire. En el trato directo con comerciantes o empresarios es habitual escuchar frases del tipo “sé que lo tengo que hacer, pero a ver cuándo” o “sé que es importante, pero todavía no he podido”. No me convences; ahora es el momento. Invertir en comunicación es invertir en todas las áreas de la empresa, pues su rentabilidad es directa en todas ellas porque posibilita colocar en el mercado un producto que sin comunicar solo cogerá polvo y más polvo en unas estanterías cada vez más invisibles.

Las redes sociales, por ejemplo, están al alcance de todos. No requieren grandes desembolsos económicos ni un máster en Comunicación, aunque sí formación especializada para no llenar nuestro escaparate de trapos sucios y bodrios caducados. Las redes sociales te permiten enseñarle tu producto al mundo. No te asustes. Quizás el mundo sea demasiado grande o demasiado inalcanzable, pero tú puedes elegir con quién quieres mantener un rico diálogo e ir sacando tus cositas de detrás del mostrador en función de lo que tus clientes busquen. Insinúate, pero también enseña. Diles por qué eres bueno y cómo les puedes aportar valor. Deja que ellos te pregunten y responde con rigor. Tú no puedes decidir por ellos, pero ellos podrán escogerte por tus decisiones. No tienes que justificarte diciéndome que lo sientes. Ni yo ni nadie tenemos que perdonarte, el perdón es solo una palabra, lo que importan son tus actos y las consecuencias que de ellos se derivan. Ahora puede ser el mejor momento.

José Sixto García. 

Google lo sabe todo

Escrito por a las ago 8, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

Resultado de imagen de google Instituto de Medios Sociales. Mientras yo duermo, tú me miras. Mientras yo me informo, tú me enamoras. Mientras yo como, tú me pones música. Y yo paso de ti. Esa es la diferencia entre tú y yo. Que tú me quieres y yo solo te busco cuando me haces falta. Soy un cabrón, lo sé. Pero la culpa es tuya, que me lo pones todo en bandeja y nunca puedo aplicarme el cuento ese de que te echaré de menos cuando te haya perdido.

Sabes mis gustos, mis canciones preferidas, dónde he estado y con quién. Sabes cómo configuraría mi coche preferido, si le pondría llantas de 16 pulgadas o asientos de cuero azul, sabes que no tengo ni idea de hacer un pato a la naranja y sabes que siempre te pido ayuda con mi francés. Sabes que miro el tiempo por las mañanas y que por las noches lo pierdo preguntándote chorradas sin que tu incansable paciencia me diga nunca que basta ya.

Mientras yo paso de ti, tú me mimas. Mientras yo paso de ti, tú te preocupas. Mientras yo paso de ti, tú me aconsejas. Contestas a mis preguntas en menos de un segundo y  me das tantas respuestas y tantas opciones que cada día me abrumas más. Corriges mis imprecisiones y eres tú quien me dices lo que quise haber dicho. A veces me da miedo que sepas tanto de mí; otras me veces me acojonas, sin más. He caído en tu trampa, por seguirte el juego, y me he quemado sin ni siquiera haber visto el fuego.

Lo sabes todo. Seleccionas lo que me cunde. Me guías en el camino. Tienes fotos, tienes vídeos, tienes mapas, tienes tiendas. Conoces mi pueblo y hasta los bares donde yo nunca he entrado. No sé cómo pero le has sacado fotos minuciosas al rosetón de la iglesia donde hice la comunión y a dónde tantas veces he querido escalar de pequeño. Es como si hubieras estado allí toda la vida, entre los capiteles que acunaron mi bautizo, pues sabes más de mí que yo mismo. Te digo mi nombre y me cuentas mi vida. Te digo el de mi madre y me das su teléfono. Te digo el de mi hermano y me dices que no tengo.

Querido Google, sé que también vas a conservar esta carta. Sé que me la mostrarás cuando te la pida y sé que se la darás a cualquiera cuando alguien te pregunte por mí. Nuestra relación nunca fue un pacto de exclusividad, así que no puedo ponerme celoso. De hecho, lo que más me pone de ti es esa incapaz que tienes para poder callarte. Habla lo que quieras y respóndeme siempre. Nada me jodería más que tu silencio.

José Sixto García. 

Tu felicidad en mis manos

Escrito por a las jul 4, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

 

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Instituto de Medios Sociales. Llega el verano y con él esa necesidad imperiosa de exhibirnos en las redes sociales. Llega el verano y con él el momento de dejar de despertarnos con el despertador para hacerlo con Instagram. Llega el verano y, aunque tú no te lo creas, tengo tu felicidad en mis manos.

Ya nada tiene sentido si lo dejas para tus adentros ni si lo compartes con el cubito y el castillo de arena. Ya nada vale nada si no buscas la aprobación de cientos de ‘me gusta’ entregados compulsivamente por gente a la que le importas un pito. Ya nada te pesa más que el peso de las apariencias, donde la tonelada es lo que pareces y el kilito lo que lo eres.

Pero, claro, no es que yo sea un genio ni que me haya levantado inspirado esta mañana. Estas cositas del andar por casa ya le han parecido motivo de análisis a psicoanalistas como Gérard Bonnet, que considera que esa necesidad por la mirada del otro viene de la infancia, aunque lo peligroso de nuestra época –dice- es que estamos atrapados en una necesidad altanera de contarle al mundo que todo nos va de maravilla, aunque solo se trate de apariencias. Bonnet encuentra las causas en una baja autoestima, en la inseguridad y en la soledad extrema. ¡Quién sabe! O mejor, ¿para qué queremos saberlo si nos hemos acostumbrado a no pensar? Te digo más. No hace falta recurrir a teorías sesudas para encontrar explicaciones. La clave ya nos la dieron hace unos años Sonia y Selena. Nadie les hizo ni caso, pero ellas lo dejaron muy claro: “cuando llega el calor, los chicos se enamoran”. (más…)

¿Somos adictos al móvil?

Escrito por a las jun 7, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

Instituto de Medios Sociales. He ido a tomar café con dos amigos. Llegaron de la mano. Hace tiempo que siempre se presentan así, como una pareja de esas empalagosas que solo se besan mientras tú les hablas. ¿A quién no le ha pasado esto alguna vez? Solo uno me saludó. Se sentaron enfrente de mí y siguieron sin soltarse de la mano. Se miraban en todo momento. Sonrían al verse. De vez en cuando se les escapaba una carcajada, ajenos a lo que pasaba a su alrededor. Parecían tener tanta complicidad que hasta daba reparo abrir la boca y poder romper ese momento de intimidad.

Se acariciaban. Uno tocaba al otro por todas partes. Sin censura, sin discreción, sin límites a su camaradería. Apenas levantaban la mirada y, cuando lo hacían, daba la sensación de que el simple vistazo podía entorpecer por unos segundos la idílica confianza que solo ellos podían entender y mantener avivada. Estuvimos tiempo sin hablar -entre nosotros quiero decir-; ellos no pararon de intercambiar tocamientos, sonrisas y múltiples expresiones faciales. Por un momento entendí que eso debía ser lo que llaman felicidad y de la que tantas veces había oído hablar.

Cuando mi café se enfrió decidí tomármelo. Su sobrecito de azúcar ni había sido abierto. No habían tenido tiempo de despegarse de las manos. Entre ellos hablaban de gente que yo casi ni conocía, de amigos en común y de la última tarde en un lugar que no conseguí identificar. Era un diálogo entre cómplices, con una jerga y unas coñas que solo ellos entendían, y que solo a ellos les hacían gracia. Se descojonaron y yo revolví el café.

Debían haber pasado quince o veinte minutos y ni esas eran las palabras que habíamos intercambiado. Uno de ellos dio señales de que aquello le cansaba, que tanto manosearse le había minguado las energías. Era como la crónica de un apagón anunciado. Como si a aquello, de repente, le quedasen pocos minutos y que su resistencia no le permitiría mantener la conversación por mucho más tiempo.

Se habían acabado sus caritas de risas, sus guiños, sus besos con el morro retorcido y sus soles advirtiendo un día de playa. También sus caras con una lágrima colgando. Me resigné a ser el segundo plato y mostré empatía cuando mi interlocutor me anunció lo esperado: su amigo se había muerto. No era grave, dijo, había muerto otras veces cuando se le acababa la batería. Me pidió un cargador para poder resucitarlo.

José Sixto García

Liderazgo empresarial

Escrito por a las may 2, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

Instituto de Medios Sociales. Hace unos días asistí a una charla sobre liderazgo impartida por Javier Milán, el delegado en Galicia de Cooperación Internacional, y que me ha hecho reflexionar acerca de los valores que deberían definir la figura del líder dentro de las organizaciones.

Milán apostó por una diferencia clara entre cracks y mediocres, que yo comparto y que me gustaría, asimismo, compartir contigo. La primera diferencia sustancial entre ambos –y la más importante- es que los mediocres siempre se consideran cracks, por lo que un mediocre jamás se sentirá identificado con las líneas que siguen. ¡Ellos son cracks! ¡Y punto!

A los mediocres se les cala fácil. Por la envidia. Es habitual que desprecien constantemente todo lo que hacen los demás, quitándole importancia y dando a entender que lo suyo es lo mejor. Critican mucho con el objetivo de restar relevancia a los actos ajenos, aunque luego no es de extrañar que los veamos intentando copiar lo que criticaban.

Camuflada bajo una tergiversación de la competitividad, los mediocres siempre tienen la necesidad de sentirse superiores. Su envidia no les permite asimilar los éxitos de otros y por eso solo les interesa rodearse de más mediocres. Su competitividad es maligna porque para sentir que destacan necesitan aniquilar, y lo hacen con chulería, prepotencia y arrogancia. Detrás de este tipo de actitud se esconde la inseguridad, la falta de valores o incluso dilemas de identidad sexual.

La envidia y la competitividad provocan una exaltación exacerbada del yo. Primero yo, después yo, y luego yo. Los mediocres rara vez hacen nada por los demás, sino que solo actúan por interés propio, utilizando a las personas para no sentirse solos y con un ego que les impide ver la realidad.

Esa fogosidad del yo es la que les lleva a ver la paja en el ojo ajeno. Es típico que les molesten las mismas cosas que ellos hacen habitualmente y perciben en los demás los defectos que ellos comenten. Su diálogo es imperativo, pero no aceptan órdenes; bromean, pero no toleran que se bromee con ellos; exigen, pero no dan.

A estas alturas cualquier mediocre ya habrá calificado de basura (y sinónimos) este artículo o me habrá mandado a mí y al periódico a tomar el aire. Es esa una opción, la otra es la que te comentaba al principio: que el mediocre piense que la película no va con él. ¡Quién voy a ser yo para decirle lo que tiene que hacer! En realidad, tienen razón; a ellos solo dos cosas les ponen los pies en la tierra: el tiempo y la vida (aunque ahora estén pensando que sí, pero sus éxitos…).

 José Sixto García