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Los fantasmas sociales

Escrito por a las oct 31, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

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Instituto de Medios Sociales. He dormido con los ojos abiertos esperando al fantasma que debía venir a visitarme esta noche, pero como lo ha hecho, me aplicado el cuento ese de ir yo a la montaña a ver qué pasaba. Puse un pie sobre el acelerador y el otro sobre la tierra y he buscado fantasmas en los castillos de Mota, Coca, Arévalo y Manzanares el Real. Y no he encontrado ninguno, ni en la montaña ni en los castillos.

Percatado yo que lo mío con Mahoma no era ni un parecido, he rebuscado con esmero entre almenas y adarves, hasta darme cuenta que los fantasmas que había imaginado de niño solo estaban en los decorados de aquel programa de TVE llamado La noche de los castillos y que, por tanto, las alcobas aderezadas se los habían llevado, dejando mi imaginación igual de rica e igual de imaginaria.

No había fantasmas ni en los pasadizos ni en las mazmorras, porque -para sorpresa mía- estaban todos en mi bolsillo. Parece como si todos se hubieran escapado de las piedras de la torre del homenaje, hubieran traspasado la tela de mi pantalón y se hubieran escondido en las redes sociales que mi móvil alberga en su pantalla de inicio.

He visto fantasmas en Twitter, en Facebook y en Instagram. Me han contado sus películas y me las he creído por partes. Me han dicho que eran la leche y no me han sabido a desnatados. Han fanfarroneado tanto que he pensado que algo de verdad tenía que haber en tanta fantasía. Han engrandecido sus historias y les han dado una importancia que no tendrían ni en la mejor de las novelas. Y, así, cual delirio de quijotada, alguien me susurró “mire vuestra merced, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino” y aumentar los likes de Instagram para venderle motos con las ruedas pinchadas. Y así, calabazas aparte, esta noche de Halloween me ha servido para comprender que tengo muchas más posibilidades de encontrarme un fantasma en las redes que entre cuatro paredes. Se ha dicho.

José Sixto García

La sonrisa es una técnica de marketing

Escrito por a las oct 3, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

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Instituto de Medios Sociales. La sonrisa es una técnica de marketing. Cuando sonreímos da la sensación de que todo nos va bien y trasladamos a nuestro interlocutor una cierta complicidad apoyada en la seguridad de la gestualidad corporal. Desde niños siempre nos han dicho que sonreír es gratis y que pocas cosas hay mejores que alegrarle el día a los demás con una buena sonrisa. Sin embargo, hay sonrisas que yo no las entiendo. No entiendo la sonrisa de Rita Barberá ni la de Pedro Sánchez. No entiendo la sonrisa de Miguel Blesa ni la de Rodrigo Rato. No las entiendo. Parece como si todos ellos se hubiesen formado en la misma escuela de Marketing de donde ha salido la receta del pollo a la Pantoja y cuya máxima es esa de “dientes, dientes, que es lo que les jode”.

Pues no, señores, no nos fastidia su sonrisa, lo que nos jode es su ridiculez. Lo que nos jode es que se hayan reído de todos nosotros como si fuéramos tontos y que ahora sigan insultando a nuestra inteligencia pensando que nos creemos sus sonrisas como si lo fuéramos de remate –lo de tontos, digo- y cuando sus manos largas, sus mentiras o sus objetivos personales están más por los suelos que la cola del vestido de la propia Panto.

No, señores, no nos cuela. Su técnica de marketing es patética. Sus sonrisas falsas no nos convencen porque no son ni transparentes ni creíbles. Si su sonrisa fuese de verdad hubiesen cerrado los ojos al reír, hubiesen mostrado sus patas de gallo y nos hubiesen deleitado con sus dientes inferiores. Todo lo demás es falso. No nos cuela porque ustedes no tienen ningún motivo para sonreír por mucha cara que tengan. Por mucha cara que tengan no pueden florearla con una sonrisa de oreja a oreja porque, a pesar de que ustedes tuviesen un deseo, ese deseo no se ha transformado en una demanda, así que su estrategia de marketing no está conseguida y es lamentable. (más…)

Ahora es el momento

Escrito por a las sep 5, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

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Instituto de Medios Sociales. Llega septiembre y con él la vuelta al cole. Es el tiempo de las asignaturas pendientes y, sin duda, para muchas PYMES y autónomos su gran asignatura pendiente es el hueso ese que no son capaces de sacar y que -más que con su esqueleto- tiene que ver con su envoltorio. Con su envoltorio digital.

A día de hoy nadie se cuestiona que gestionar la comunicación es tan importante como gestionar los asuntos financieros o administrativos. Sin embargo, que nadie se lo cuestione no significa que todos lo hagan. La comunicación sigue siendo como esa alacena que tanto nos cuesta abrir, mientras que ella continúa impasible cogiendo moho y que ya limpiaremos cando faga aire. En el trato directo con comerciantes o empresarios es habitual escuchar frases del tipo “sé que lo tengo que hacer, pero a ver cuándo” o “sé que es importante, pero todavía no he podido”. No me convences; ahora es el momento. Invertir en comunicación es invertir en todas las áreas de la empresa, pues su rentabilidad es directa en todas ellas porque posibilita colocar en el mercado un producto que sin comunicar solo cogerá polvo y más polvo en unas estanterías cada vez más invisibles.

Las redes sociales, por ejemplo, están al alcance de todos. No requieren grandes desembolsos económicos ni un máster en Comunicación, aunque sí formación especializada para no llenar nuestro escaparate de trapos sucios y bodrios caducados. Las redes sociales te permiten enseñarle tu producto al mundo. No te asustes. Quizás el mundo sea demasiado grande o demasiado inalcanzable, pero tú puedes elegir con quién quieres mantener un rico diálogo e ir sacando tus cositas de detrás del mostrador en función de lo que tus clientes busquen. Insinúate, pero también enseña. Diles por qué eres bueno y cómo les puedes aportar valor. Deja que ellos te pregunten y responde con rigor. Tú no puedes decidir por ellos, pero ellos podrán escogerte por tus decisiones. No tienes que justificarte diciéndome que lo sientes. Ni yo ni nadie tenemos que perdonarte, el perdón es solo una palabra, lo que importan son tus actos y las consecuencias que de ellos se derivan. Ahora puede ser el mejor momento.

José Sixto García. 

Google lo sabe todo

Escrito por a las ago 8, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

Resultado de imagen de google Instituto de Medios Sociales. Mientras yo duermo, tú me miras. Mientras yo me informo, tú me enamoras. Mientras yo como, tú me pones música. Y yo paso de ti. Esa es la diferencia entre tú y yo. Que tú me quieres y yo solo te busco cuando me haces falta. Soy un cabrón, lo sé. Pero la culpa es tuya, que me lo pones todo en bandeja y nunca puedo aplicarme el cuento ese de que te echaré de menos cuando te haya perdido.

Sabes mis gustos, mis canciones preferidas, dónde he estado y con quién. Sabes cómo configuraría mi coche preferido, si le pondría llantas de 16 pulgadas o asientos de cuero azul, sabes que no tengo ni idea de hacer un pato a la naranja y sabes que siempre te pido ayuda con mi francés. Sabes que miro el tiempo por las mañanas y que por las noches lo pierdo preguntándote chorradas sin que tu incansable paciencia me diga nunca que basta ya.

Mientras yo paso de ti, tú me mimas. Mientras yo paso de ti, tú te preocupas. Mientras yo paso de ti, tú me aconsejas. Contestas a mis preguntas en menos de un segundo y  me das tantas respuestas y tantas opciones que cada día me abrumas más. Corriges mis imprecisiones y eres tú quien me dices lo que quise haber dicho. A veces me da miedo que sepas tanto de mí; otras me veces me acojonas, sin más. He caído en tu trampa, por seguirte el juego, y me he quemado sin ni siquiera haber visto el fuego.

Lo sabes todo. Seleccionas lo que me cunde. Me guías en el camino. Tienes fotos, tienes vídeos, tienes mapas, tienes tiendas. Conoces mi pueblo y hasta los bares donde yo nunca he entrado. No sé cómo pero le has sacado fotos minuciosas al rosetón de la iglesia donde hice la comunión y a dónde tantas veces he querido escalar de pequeño. Es como si hubieras estado allí toda la vida, entre los capiteles que acunaron mi bautizo, pues sabes más de mí que yo mismo. Te digo mi nombre y me cuentas mi vida. Te digo el de mi madre y me das su teléfono. Te digo el de mi hermano y me dices que no tengo.

Querido Google, sé que también vas a conservar esta carta. Sé que me la mostrarás cuando te la pida y sé que se la darás a cualquiera cuando alguien te pregunte por mí. Nuestra relación nunca fue un pacto de exclusividad, así que no puedo ponerme celoso. De hecho, lo que más me pone de ti es esa incapaz que tienes para poder callarte. Habla lo que quieras y respóndeme siempre. Nada me jodería más que tu silencio.

José Sixto García. 

Tu felicidad en mis manos

Escrito por a las jul 4, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

 

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Instituto de Medios Sociales. Llega el verano y con él esa necesidad imperiosa de exhibirnos en las redes sociales. Llega el verano y con él el momento de dejar de despertarnos con el despertador para hacerlo con Instagram. Llega el verano y, aunque tú no te lo creas, tengo tu felicidad en mis manos.

Ya nada tiene sentido si lo dejas para tus adentros ni si lo compartes con el cubito y el castillo de arena. Ya nada vale nada si no buscas la aprobación de cientos de ‘me gusta’ entregados compulsivamente por gente a la que le importas un pito. Ya nada te pesa más que el peso de las apariencias, donde la tonelada es lo que pareces y el kilito lo que lo eres.

Pero, claro, no es que yo sea un genio ni que me haya levantado inspirado esta mañana. Estas cositas del andar por casa ya le han parecido motivo de análisis a psicoanalistas como Gérard Bonnet, que considera que esa necesidad por la mirada del otro viene de la infancia, aunque lo peligroso de nuestra época –dice- es que estamos atrapados en una necesidad altanera de contarle al mundo que todo nos va de maravilla, aunque solo se trate de apariencias. Bonnet encuentra las causas en una baja autoestima, en la inseguridad y en la soledad extrema. ¡Quién sabe! O mejor, ¿para qué queremos saberlo si nos hemos acostumbrado a no pensar? Te digo más. No hace falta recurrir a teorías sesudas para encontrar explicaciones. La clave ya nos la dieron hace unos años Sonia y Selena. Nadie les hizo ni caso, pero ellas lo dejaron muy claro: “cuando llega el calor, los chicos se enamoran”. (más…)

¿Somos adictos al móvil?

Escrito por a las jun 7, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

Instituto de Medios Sociales. He ido a tomar café con dos amigos. Llegaron de la mano. Hace tiempo que siempre se presentan así, como una pareja de esas empalagosas que solo se besan mientras tú les hablas. ¿A quién no le ha pasado esto alguna vez? Solo uno me saludó. Se sentaron enfrente de mí y siguieron sin soltarse de la mano. Se miraban en todo momento. Sonrían al verse. De vez en cuando se les escapaba una carcajada, ajenos a lo que pasaba a su alrededor. Parecían tener tanta complicidad que hasta daba reparo abrir la boca y poder romper ese momento de intimidad.

Se acariciaban. Uno tocaba al otro por todas partes. Sin censura, sin discreción, sin límites a su camaradería. Apenas levantaban la mirada y, cuando lo hacían, daba la sensación de que el simple vistazo podía entorpecer por unos segundos la idílica confianza que solo ellos podían entender y mantener avivada. Estuvimos tiempo sin hablar -entre nosotros quiero decir-; ellos no pararon de intercambiar tocamientos, sonrisas y múltiples expresiones faciales. Por un momento entendí que eso debía ser lo que llaman felicidad y de la que tantas veces había oído hablar.

Cuando mi café se enfrió decidí tomármelo. Su sobrecito de azúcar ni había sido abierto. No habían tenido tiempo de despegarse de las manos. Entre ellos hablaban de gente que yo casi ni conocía, de amigos en común y de la última tarde en un lugar que no conseguí identificar. Era un diálogo entre cómplices, con una jerga y unas coñas que solo ellos entendían, y que solo a ellos les hacían gracia. Se descojonaron y yo revolví el café.

Debían haber pasado quince o veinte minutos y ni esas eran las palabras que habíamos intercambiado. Uno de ellos dio señales de que aquello le cansaba, que tanto manosearse le había minguado las energías. Era como la crónica de un apagón anunciado. Como si a aquello, de repente, le quedasen pocos minutos y que su resistencia no le permitiría mantener la conversación por mucho más tiempo.

Se habían acabado sus caritas de risas, sus guiños, sus besos con el morro retorcido y sus soles advirtiendo un día de playa. También sus caras con una lágrima colgando. Me resigné a ser el segundo plato y mostré empatía cuando mi interlocutor me anunció lo esperado: su amigo se había muerto. No era grave, dijo, había muerto otras veces cuando se le acababa la batería. Me pidió un cargador para poder resucitarlo.

José Sixto García

Liderazgo empresarial

Escrito por a las may 2, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

Instituto de Medios Sociales. Hace unos días asistí a una charla sobre liderazgo impartida por Javier Milán, el delegado en Galicia de Cooperación Internacional, y que me ha hecho reflexionar acerca de los valores que deberían definir la figura del líder dentro de las organizaciones.

Milán apostó por una diferencia clara entre cracks y mediocres, que yo comparto y que me gustaría, asimismo, compartir contigo. La primera diferencia sustancial entre ambos –y la más importante- es que los mediocres siempre se consideran cracks, por lo que un mediocre jamás se sentirá identificado con las líneas que siguen. ¡Ellos son cracks! ¡Y punto!

A los mediocres se les cala fácil. Por la envidia. Es habitual que desprecien constantemente todo lo que hacen los demás, quitándole importancia y dando a entender que lo suyo es lo mejor. Critican mucho con el objetivo de restar relevancia a los actos ajenos, aunque luego no es de extrañar que los veamos intentando copiar lo que criticaban.

Camuflada bajo una tergiversación de la competitividad, los mediocres siempre tienen la necesidad de sentirse superiores. Su envidia no les permite asimilar los éxitos de otros y por eso solo les interesa rodearse de más mediocres. Su competitividad es maligna porque para sentir que destacan necesitan aniquilar, y lo hacen con chulería, prepotencia y arrogancia. Detrás de este tipo de actitud se esconde la inseguridad, la falta de valores o incluso dilemas de identidad sexual.

La envidia y la competitividad provocan una exaltación exacerbada del yo. Primero yo, después yo, y luego yo. Los mediocres rara vez hacen nada por los demás, sino que solo actúan por interés propio, utilizando a las personas para no sentirse solos y con un ego que les impide ver la realidad.

Esa fogosidad del yo es la que les lleva a ver la paja en el ojo ajeno. Es típico que les molesten las mismas cosas que ellos hacen habitualmente y perciben en los demás los defectos que ellos comenten. Su diálogo es imperativo, pero no aceptan órdenes; bromean, pero no toleran que se bromee con ellos; exigen, pero no dan.

A estas alturas cualquier mediocre ya habrá calificado de basura (y sinónimos) este artículo o me habrá mandado a mí y al periódico a tomar el aire. Es esa una opción, la otra es la que te comentaba al principio: que el mediocre piense que la película no va con él. ¡Quién voy a ser yo para decirle lo que tiene que hacer! En realidad, tienen razón; a ellos solo dos cosas les ponen los pies en la tierra: el tiempo y la vida (aunque ahora estén pensando que sí, pero sus éxitos…).

 José Sixto García

Mi móvil es un anuncio

Escrito por a las abr 4, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

Instituto de Medios Sociales. Que las redes sociales son uno de los escenarios comunicativos más relevantes y más influyentes ya nadie lo discute. Su elevado número de usuarios y las características propias de su naturaleza 2.0 las convierten en una herramienta excelente para promocionar artículos y para desarrollar un trabajo de marca que difícilmente se entendería en el panorama mediático actual sin esa presencia en redes.

La socialización del contenido y la movilidad son las ondas vitales que definen las estrategias de marketing actuales. Por ello, la integración del marketing móvil en redes sociales es una combinación magnífica que responde a las necesidades y a los hábitos de consumo de los usuarios. En España el ascenso de penetración de smartphones es de un 70% y el de tablets de un 30%, mientras que el número de usuarios activos de apps alcanza los 23 millones. El mercado móvil español está siendo cada vez más maduro; prueba de ello es que lo que más prima no es tanto el volumen de descargas, sino la perdurabilidad y el tiempo de uso por parte de los usuarios. Más que nunca, ahora es sumamente importante combinar el mobile marketing con el marketing en redes sociales para abrir un estupendo canal de captación y fidelización de clientes. El desarrollo de una campaña para móvil te exigirá exactamente los mismos pasos que cualquier otra campaña de marketing, porque lo único que varía es el dispositivo. Lo primero siempre es definir qué pretendes conseguir y cómo, para, finalmente, poder evaluar qué has conseguido y cómo lo has conseguido. Estudia tu público, establece y fija los objetivos  y,  por último, define tu modelo de negocio. No hay más secretos.

Con todo, una vez que hayas conseguido un hueco en el entorno móvil del consumidor, la permanencia solo se garantizará si la marca continúa satisfaciendo las necesidades emocionales. Sí, lees bien; cada vez es más importante atender la emoción y no solo la razón. Para ello, trabaja con las experiencias (a los consumidores les encantan las experiencias enriquecedoras y de entretenimiento que capten su atención), la independencia, la conveniencia, la relevancia y la transparencia. Los clientes necesitan reafirmar su compra y convencerse de que su decisión ha sido la más acertada. Es lo único que les hará repetir.

José Sixto García. 

Me mola tu marketing digital

Escrito por a las feb 29, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

Instituto de Medios Sociales. Uno de los objetivos fundamentales del marketing digital es saber qué quiere el cliente para ofrecerle algo que se ajuste a esas necesidades y, a partir de ahí, intentar que la relación empresa-cliente sea duradera, esto es, que se genere confianza para que las ventas se repitan.

Las opiniones del público siempre son importantes a la hora de crear lo que se ofrece y, de hecho, se tienen muy en cuenta durante el proceso de producción, es decir, la empresa escucha a sus clientes, habla con ellos y les brinda una solución. Hoy en día gran parte de esas relaciones se producen a través de las redes sociales, donde la gente comparte ideas, pensamientos o inquietudes, que posteriormente son estudiadas y satisfechas.

Este tipo de marketing nace a modo de respuesta a un público pasivo y cansado de publicidad tradicional, y ahora son los clientes quienes buscan a las marcas e interactúan con ellas de manera consentida y sin interrupciones. La diferencia con el marketing tradicional radica en la importancia que los clientes adquieren a cambio de que la organización pierda la supremacía de la que gozaba casi en exclusividad. La organización no solo se dirige a sus clientes, sino que conversa con ellos. (más…)

El mentiroso y el cojo en las redes sociales

Escrito por a las feb 1, 2016 en Sin categoría | 0 comentarios

Instituto de Medios Sociales. La forma de actuar en las redes sociales es la misma que en la vida de a pie y boli, pero con una salvedad: se coge mucho antes al cojo que al mentiroso. Sí, digo bien, primero al cojo y después al mentiroso, aunque ambos tienen la trampa tendida desde el pistoletazo de salida y ninguno escapatoria posible ni de la trampa, ni mucho menos del tiro.

El cojo y el mentiroso se van matando lentamente. El primero se dispara a sangre fría y el segundo esboza su muerte en una agonía que siempre es -como diría el maestro- la crónica de una muerte anunciada. Al cojo se le coge por su forma de actuar. Cojea en las redes quien desconoce las rutinas de actuación, los procedimientos de gestión y las particularidades de cada red. Cojea en las redes quien cojea con g, quien espera haber* si la formación le llega por ciencia infusa (o *hinfusa) y quien se *hecha a la aventura sin haber echado antes a la h de sus imaginarios planes de medios.

El mentiroso nace, crece y vuela feliz durante un tiempo. Como todo ser vivo, muere, y, como todo ser vivo, en casos deja reproducida la especie tanto en su trabajo como en el círculo de mentirosillos que le acompañan en la construcción de ese castillo de naipes que se desplomará –antes o después- al estilo dominó. Suele dar el pego durante meses e incluso años y puede ser difícil de detectar para las mentes más ingenuas o las que tienen pocas ganas de pensar.  (más…)